3-Carta a la institución

 

"Los seminarístas de "antes" nos marchamos y no fuimos reemplazados, "ahora " sólo queda el Seminario, sin su toque de campana, oraciones, vocaciones, devociones, clases , exámenes y vacaciones.Ha resistido al tiempo meteorológico, ha perdido el personal y el social, pero, cada año, va aumentando el histórico; bien en las memorias que cobijó o bien en la partida de nacimiento que le inscribió en fundación de función social y arquitecturacional.
- Fuiste un "antes" que, desde la perspectiva del "ahora", germinaste mi "después". En tu primera planta estudié, asistí a clases, hice los deberes, exámenes y crecimiento en conocimientos culturales , educativos y formativos, así como en autónomos personales. Oré, rezé, comí y jugé en tu primera planta, en la segunda y tercera descansé, dormí, soñé y me aseé en diferentes dormitorios los cuatro primeros cursos,-éramos "pipis"-, los siguientes en habitación individual de veterano jóven-adolescente de "gallo pipo".
- Nos cabijaste durante largos inviernos, helados, nevados, ventosos y fríos. Los sabañones, en los extremos de las extremidades, lo verificaban con sus picazones en los cambios de clases, en la salida y entrada a la explanada y al patio,en el comedor y entre la manta y el colchón.
- Fuiste al agua primaveral de la adolescencia que hizo germinar la esperanzada búsqueda en la juventud, goteando en la roca institucional y salpicando conocimentos y formación de caracteres que en tu ciclo histórico te correspondió regar y moldear en la metodología oracional, vocacional y devocional.
- Entre la manta y el colchón, muchas noches, rascando sabañones, recordaba "el pueblín", a los padres, la abuela, los hermanos , tíos, al perro y al gato, a las vacas, novillas, gallinas y avejas, a los paisanos y vecinos en el filandón de la hila, las noches estrelladas y frías, las más cálidas y nevadas, las reuniones familiares y vecinales en torno a la lumbre de roble en el hogar de la cocina.
- Entre la manta y el colchón y, por contraposición al frío nocturno invernal de León, recordaba los agradables días veraniegos del pueblín: La siega, con la guadaña, de la hierba, con la hoz la cebada, trigo, centeno y abena, el pasar el día desde el alba hasta el ocaso con el pastor y el ganado, los corderos , las novillas y las vacas que en corrida se hacía entre hacendías de las casas y las cuadras de vecinos, proporcionalmente al número de animales  que cada cual poseía. Largos días y horas veraniegas acompañando a las becerías en sus andadurías alimentícias y, como el trabajo era solamente de compañía, muchos libros leía que del seminario traía. Leía libros clásicos de literatura universal y española bajo la fresca sombra de los albares robles.No tuve que preparar ningún exámen para septiembre de asignaturas suspendidas. Superé el primer curso con dificultades, pues la preparación que traía para León era inferior a la de mis compañeros "pipis", en el segundo curso progresé adecuadamente en la calificación global de "bienes", algún "notable" y un "sobresaliente" en "Ciencias Naturales"; en septiembre de este curso -1962- y el sexto-1966, sí fui a examinarme en septiembre de esta materia , no para aprobarla, sino para obtener la "Matrícula" de entre los "sobresalientes", exámenes que se inclinaron a mi favor y de los que conservo un gran recuerdo y galardón en sendos diplomas, firmados por el profesor de la materia, el secretario del Seminario y el obispo de León.
- Tu has sido testigo mudo en los años sesenta de las novedades de los veraneantes, la substitución del burro por el auto, el agua por el vino blanco, las herramientas tradicionales por las máquinas industriales, las fiestas vecinales por las comarcales, las tradiciones populares por las nacionales e internacionales, la paz y quietud local por el ajetreo y viaje interprovincial, la visión del pasado por la del futuro, de la estratificada sociedad religiosa tradicional a la nueva vaticana, conciliar, seglar y comunal, de las nuevas canciones y música, del cambio y compromiso literario, de la filosofía existencialísta, marxista, freudiana y positivísta, de la política de bloques expansionísta y economísta, de los nuevos avances tecnológicos e industriales, la migraciones de los pueblines a los pueblones, la nueva industrialización en concentración parcelaria, económica, mediática y comercial, la moda hippy en el peinado, vestido, pensamiento y lenguaje, el amor a la vida , a la independencia y libertad, a las normas y convenciones pactadas frente a las tradicionales heredadas, de la visión del efecto de la apariencia figuril, del provertidismo juvenil por el retrovertidísmo senil, del nuevo modelo norteamericano frente al clásico y viejo mediterráneo, de la llegada a la luna, los transportes en avión, las vacaciones, el ocio, etc.,etc.,etc. Son los años sesenta, viviendo yo mi primera década y fraguando aquellas mi futura osamenta. Ahora, en mi sexta década de osamenta, observo, otra vez, como el agua, gota a gota, sigue rompiendo la misma roca de los años sesenta. Agua que es la misma en el ciclo admosférico, agua que s distinta en el ciclo vital y primaveral, agua que es omnipresente, omnipotente y omnivalente en vegetales y animales, agua que riegas, germinas, fructificas e invernas generaciones humanas  y todas, unas tras otras, te rendimos pleitesías, recuerdos, miedos, alabanzas y olvidos. Aquella germinal agua primaveral es cual testigo mudo del "antes", "el ahora" y "el después" de cualguiera humana institución que se precie de :
-Su agua primaveral,
-su semilla cultural,
-su centro de oración, vocación y devoción corporal y espiritual,
-su fábrica de sueños,
-su tribunal de selección de personal,
-su noche de silencios,
-su hermenéutica de cambios generacionales,
-su invisible fenómeno de la libertad individual frente a los fundacionales e institucionales y, por lo tanto,
-su maestría lógica en la elección entre los dilemas condicionales y sus implicadas elecciones de acciones.

Mariano Álvarez